martes, 26 de marzo de 2013

RECETA PARA EL LAVADO DE LA PALABRAS SUCIAS Remoje la palabra malsonante en lejía. Tras dos días de remojo, tender al sol del mediodía. Algunas palabras cuando se exponen al sol Adquieren consistencia de certezas. Por ejemplo la palabra vida. Hay otras, y la palabra amor es uno de ellos, Que se han ensuciado por el uso, que recomienda restregar y golpear con insistencia contra la piedra, luego se enjuaga con agua corriente. Son pocas las que resisten este tipo de atención, pero hay algunas. Dicen que la sal y limón quitan las manchas difíciles, pero nada. Cualquier intento de lavar la piedad ha sido siempre vano. Ahora nunca he visto una palabra tan sucia como pérdida. La Pérdida y la muerte en la medida que se exhiben liberan un líquido corrosivo, que lleva el nombre de amargura, que es capaz de vaciar la fuerza vital del lenguaje. En este caso, el Consejo es mantenerlos siempre en remojo en un suavizante de buena calidad. Ahora, si lo que quieres es sólo aliviar las palabras de uso cotidiano, simplemente puede utilizar detergente en polvo de lavandería y lavadora. En este caso, el peligro es mezclar palabras que desmanchen Y que se contacten entre sí. Culpa, por ejemplo, culpa puede manchar todo lo que es y siempre debe estar dirigido por sí mismo. Otra mezcla poco recomendable es amistad y deseo, deseo, es una palabra intensa, casi agresiva, puede, que no es inevitable, puede desgarrar la fuerza delicada de la palabra amistad. La palabra fuerza cae bien en cualquier mezcla. Otro cuidado importante: no deben lavarse demasiadas palabras bajo el riesgo de perder el sentido. La suciedad diaria, cuando no es excesiva, produce un aceite que da fuerza a los sonidos. Muy importante en el arte de las palabras Es saber reconocer una palabra limpia. Conviva con las palabras durante unos días. Deje que funda con sus gestos, que paseen por expresión de sus sentidos. En la noche, deje que se acuesten, no a su lado, pero sobresu cuerpo. Mientras duermes, la palabra, sembrada en tu carne, prolifera a lo largo de sus posibilidades. Si usted puede apoyar esta convivencia hasta más no poder Y notar su presencia, entonces usted tendrá una palabra limpia. Una palabra limpia es una palabra posible.

lunes, 11 de marzo de 2013

Cuentan que una vez había un anciano que todos los días se sentaba en la entrada de un pequeño pueblo, al lado de un pozo. Cierto día llegó un joven forastero algo desorientado, y con mucho respeto se le acercó y le preguntó: - Buenos días señor, nunca he venido por estos lugares y quisiera saber… ¿Cómo son los habitantes de este lugar? El anciano con amabilidad le respondió con otra pregunta: - Dime muchacho, ¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes? - Y, realmente no quisiera volver a ese lugar, ya que todos son muy egoístas, mentirosos y malvados; es por eso que estoy buscando un mejor lugar para vivir. Le digo sinceramente: ¡estoy contento de haberme ido de allí! - Ah, porque así son los habitantes de este pueblo… -Le respondió el anciano. Entonces el joven le agradeció y se fue sin siquiera entrar a recorrerlo. Un rato después llegó otro forastero, quien se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta: - Señor, este lugar es nuevo para mi… ¿Podría decirme cómo son los habitantes de este pueblo? El anciano muy calmo, de nuevo, contestó con la misma pregunta: - Cuénteme joven ¿cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes? - Allí todos eran buena gente, muy generosa, hospitalaria y honesta. Le soy sincero si le digo que tengo tantos amigos y conocidos que me ha costado muchísimo separarme de ellos. - Ah, porque así también son los habitantes de este pueblo. -respondió el anciano. Cerca de ellos se encontraba un hombre que había llevado a sus animales a tomar agua del pozo y que había escuchado ambas conversaciones. En cuanto el joven se alejó, le dijo al anciano, con profunda curiosidad: -Disculpe querido amigo ¿Cómo puede dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta? -Mire joven- le respondió -Cada uno lleva el universo en su corazón. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí; en cambio, aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles. Porque las personas encuentran en los demás lo que son en sí mismas.